DIVERSIDAD SEXUAL E IMAGEN CORPORAL

por la Dra. Gilda Gómez-Peresmitré



¿ENTONCES, LOS TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA TIENEN GÉNERO?









Durante muchos años se ha pensado que los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) hacen referencia a problemas patológicos inherentes al sexo femenino y que es recientemente cuando se empieza a relacionar al sexo masculino con esta patología. Por tal razón, no deja de sorprender que, Andersen (1990) afirme que la Anorexia Nervosa (AN) y la Bulimia Nervosa (BN) en los hombres, ha sido por más de 300 años, una fuente de interés y controversia y que uno de los primeros dos reportes de AN (Morton, 1694) fue el de un hombre.

Sin embargo, la realidad muestra una prevalencia de TCA significativamente mayor entre las mujeres que entre los hombres (10 a 1) o hasta de uno por diez y seis mujeres (1:16).También se han señalado proporciones para el conjunto de todos los trastornos entre 6 a 1 y 10 a 1 (APAWED, 2000). La prevalencia estimada por Striegel-Moore, Franco y Ach (2006) oscila entre 0-1.5% para anorexia en mujeres y 0-0.16% en hombres. En el caso de bulimia la prevalencia se estimó entre 1.2% y 5.9 % para mujeres y 0.16 para hombres. Datos recientes señalan que entre el 90% y 95% de los afectados por TCA son mujeres (Peláez, Labrador & Raich, 2010). Las estadísticas en población comunitaria (no clínica) reportan, del 5 al 10% de hombres anoréxicos y de 10 al 15% de bulímicos.

El punto es, teniendo en cuenta a la población masculina ¿por qué los casos clínicos reportados son menos que los detectados en estudios comunitarios?. Se han dado varias respuestas apoyadas todas ellas en el sentido común. Se dice, por ejemplo, que los investigadores han centrado sus intereses en el género femenino, incrementándose éstos, como respuesta a un círculo vicioso, en el que, la disposición, motivación y sensibilización de las mujeres para conocer, reconocer la presencia de los TCA y para participar en las actividades investigativas (encuestas, cuestionarios, intervenciones, tratamientos) en torno a los TCA, así como, la acumulación de conocimientos al respecto, lo que implica, entre otras cosas, confirmación de hipótesis (supuestos teóricos y empíricos), motiva a los investigadores a proseguir en su camino. De esta manera, en este proceso, se ha dejado de lado al otro gran grupo, el de los hombres. Aunque existen otras respuestas, no es, el punto a tratar aquí, pasaremos por lo tanto a tratar de responder a la pregunta arriba planteada.

Uno de los factores socioculturales más estudiado es el de la presión social a ser delgada (cultura de la delgadez) que ejercen los padres, los medios, y los pares y que se lleva a cabo a través de la socialización de género. En sociedades como la nuestra con una añeja tradición machista la mujer aprende a verse (como objeto) y ser para los demás y no para sí misma lo que la hace más vulnerable a los efectos de la obesofobia (miedo irracional a engordar). De hecho los resultados de investigaciones transculturales con España y Alemania nos muestran que las mujeres mexicanas han internalizado una figura ideal más delgada y se encuentran más insatisfechas que sus contrapartes españolas y alemanas y la presión es todavía más fuerte para las mexicanas en tanto su IMC (masa corporal) es más alto. Por otra parte, los hombres, en general, no buscan estar más delgados, sino musculados, y a partir de la adolescencia se define esta diferencia con las mujeres, podemos responder que los TCA si tienen género, es decir hombres y mujeres difieren en variables o aspectos importantes.


Fuente: www.taringa.net/JeremyGillitzer/
https://www.elpensante.com/inedias-misticas-es-posible-vivir-sin-comer/
Referencias